ejercicio de fin de semana estilo Cortázar-Rayuela

En realidad ni yo sé por qué pasó. Años de miércoles, de cuentos inconclusos. Javier tenía algo encajado desde que la vio levantar la mirada de su libro y girarla hacía él. Ese irrepetible instante de atención involuntaria. Poco a poco fue metiéndose en su vida sin querer hacerlo. La primera vez apareció unos días más tarde en las reuniones de los amigos, que la habrán conocido en algún lugar. Se fue haciendo invariable su visita, sus palabras, su olor.
Los amigos iban y venían, como una marea de acompañamiento, pero ella perduraba como la arena que recibe y deja ir. Hubo días en que las reuniones eran ellos dos, y discutían lo mismo que si hubieran ido los demás, quién sabe, de pronto ella dejaba ver un poco del dolor que por aquél entonces la pernoctaba.
Un sábado ya no llegó, y Javier que estaba acostumbrado a esperar, con algo encajado en el pecho, su aparición irremediable a contraluz; sintió una especie de abandono. Meses que lo fueron condicionando a no esperarla, creyendo que se desleiría. Pero esas cosas no se pasan y todo regresa inevitablemente.
La miró avergonzado de hacerlo, y el tiempo siguió pasando mientras ella se le encajaba más y más. En una de esas invariables compañías al metro, cruzó la línea y la llevó del otro lado, como nunca había hecho, probablemente sólo era su deseo de tenerla cerca, lo más que pudiera, aunque no pudiera. Le pidió con la conversación que no se alejara, que dejara pasar los vagones, que dejara pasar lo que fuera.
Conversar era un pretexto sin fundamentos, una falsa explicación del estar en ese momento ahí. Su ser enlunado de esperanzas prometidas se la tragaba lentamente, así, como fuera llegando, sin detenerla, sin abreviarla. Lamiendo el ser con la mirada, engolosinándose con la voz, atragantándose con las gladiolas de su piel inmarcesible, simplemente tenerla toda y no tenerla en nada.
Pero así como las cosas no se pasan y regresan, las cosas como llegan también se van. Y Javier se quedó mirándola, como siempre, como nunca…
